¿Puedo salir al campo misionero con mi familia?

¿Qué significa servir en misiones como familia?

Muchos se me ha acercado y me dicen que no pueden salir al campo porque tienen familia. ¿Podemos salir al campo misionero con nuestra familia? ¿Cómo nos preparamos para ello? Y los hijos, ¿cómo los involucro, cómo se adaptarán? ¿y qué de sus estudios? Estas y otras preguntas son comunes entre quienes quieren responder al llamado de Dios, pero tienen una familia que atender.

Es común que algunas personas entiendan que no pueden servir en el campo misionero porque tienen una familia que atender. Sin embargo, ser familia, lejos de ser un obstáculo, es una gran bendición. Los hijos son un poderoso recurso de Dios para abrir puertas de oportunidad para compartir el evangelio de forma natural. Cuando llegas a una nueva cultura y comunidad, precisamente a través de los hijos te conectas con otras familias, a través de la escuela, el vecindario, etc. Es posible servir como familia en misiones. Ahora bien, ¿qué cosas debemos tomar en cuenta a la hora de prepararnos para servir como familia? A continuación les comparto algunas experiencias y recomendaciones de familias que han servido por años en misiones.

El matrimonio y el ministerio no están en competencia. Uno de los retos que a veces enfrentan las parejas es entender que el llamado de Dios al ministerio no compite con su matrimonio o su familia. Realmente nuestra familia es parte integral de nuestro ministerio. Es importante que la pareja puedan considerar juntos lo que Dios les está llamando a hacer. El varón como sacerdote del hogar debe estar consciente de saber guiar a su familia a cumplir el propósito de Dios y esto no lo debe hacer de forma dictatorial, sino en acuerdo. Considerar a su esposa y a sus hijos es parte vital de ejercer un ministerio misionero eficaz. No es el orden de Dios que cada uno vaya por su lado. Dios lo unió como matrimonio y los usará como matrimonio.

Las personas a las que servimos en el campo van a aprender más de sus vidas que de sus predicaciones. Por consiguiente, la salud en la relación familiar será esencial para que el mensaje pueda llegar. Como nos dice Ronald Kotesky en un artículo:

“Cuando la gente local entra a las casas de los misioneros, están entrando a la residencia de los “embajadores de Dios”. La manera en que los esposos se tratan el uno al otro y a las visitas que llegan a sus casas, impacta y es testimonio para los demás.”

Preparándose como familia. Es hermoso ver cómo familias completas pueden servir en misiones y en particular, ver a los hijos desarrollarse desde tempranos en el ministerio. Esto es posible si los hemos hecho parte del proceso. Responder al llamado de Dios requiere un proceso que cubre varias áreas. La pareja debe prepararse hacia lo que Dios les está llamando a hacer. El lugar, el tipo de ministerio, el rol del esposo y de la esposa; son varias de las cosas que se deben conversar y trabajar antes de partir. ¿Dónde vivirán? ¿Cuál será la educación de los hijos? ¿Cuál será su participación? Es importante que la pasión que los padres tienen la puedan trasmitir a sus hijos. Que ellos también sean parte de la decisión y desarrollen un amor especial por ese lugar al que Dios les ha llamado a servir. No podemos perder de vista que ellos tendrán que estar dispuestos a pagar un precio. El precio de dejar amigos, familia, escuela, iglesia, vecindario, cultura, etc.

Ninguna pareja debe salir al campo sin tener la aprobación de los hijos. Ellos no deben ir obligados, sino entendiendo que son parte de la voluntad de Dios en su familia.

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